ISLAM Y AL-ANDALUS

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Etapa de madurez de la medicina andalusí

Durante los gobiernos de ´Abd al-Rahman III y al-Hakam II llegan a Córdoba desde Oriente los textos médicos de Galeno y la Materia Médica de Dioscórides

Durante los gobiernos de ´Abd al-Rahman III y al-Hakam II llegan a Córdoba desde Oriente los textos médicos de Galeno y la Materia Médica de Dioscórides, y con ello la medicina gana altura al tiempo que se arabiza, dado que estas obras clásicas llegan traducidas al árabe.

 

En esta nueva etapa Ibn Yulyul incluye en primer lugar a ´Imran ben Abí ´Umar que vivía en el barrio del Sabular (de Sabulum = arena gruesa) cerca por tanto del río y a la entrada del actual barrio de la Fuensanta. Dice también que estaba al servicio de ´Abd al-Rahman al-Nasir y que compuso un libro de medicina como los "cuadernos" (Kitab Kunnas) y compuso por al-Nasir un medicamento a base de anís.

 

Cliente de este era Muhammad b. Fath b. Tamlün. No ejercía aunque se le pidió que entrara al servicio del Emir. Ni un solo noble podía prescindir de él. Abü-l-Asbag b. Jayway refirió de él la siguiente anécdota: "Estaba en casa del visir ´Abd Allah ben Bard. Su hijo Muhammad presentaba llagas que le cubrían toda la piel. Ante él había multitud de médicos entre los que se encontraban Tamlün. Cada uno de ellos daba su opinión, pero Tamlün callaba. El visir le preguntó -¿Qué pasa que estás tan callado? -Replicó: -Tengo una pomada (marham) que cura estas llagas en un solo día. El visir hizo caso de lo que decía y le mandó que le sacara la pomada. La extendió sobre la parte enferma y las úlceras se secaron aquella misma noche. ´Abd Allah ben Bard le entregó cincuenta dinares y un traje de corte. Los demás médicos se marcharon sin nada". Esta anécdota sugiere J. Vernet es probable que se refiera de la droga marhmmar, que el copista trocó por Marham, droga que da al-Kindi para la erisipela. Otro médico famoso, pero de origen cristiano, era Yahya b. Ishaq, que gozó de los favores del ´Abd al-Rahman III al-Nasir quien le dio varios cargos. Era hijo del médico cristiano antes aludido, Ishaq, viviendo cerca de la Bab al-Yawz siendo visir, cadí y gobernador. De él se cuenta una anécdota por medio de un esclavo joven suyo que había pertenecido al hayib Musá o al visir ´Abd al-Malik. Este refirió: "Mi dueño me dio una carta para Yahya ben Ishaq. Me senté junto a la puerta de su casa en Bab al-Yawz. En aquel momento se acercó un campesino montado sobre su asno y dando gritos. Llegó ante su puerta y empezó a suplicar y decir: -Atendedme e informar al visir de mi situación. Yahya ben Ishaq, salió al oír los gritos del hombre trayendo la contestación de mi carta. Preguntó al campesino. ¿Qué te sucede? Le replicó: -¡Oh visir! Tengo un tumor en la uretra que me oprime y me impide orinar desde hace muchos días. Estoy a punto de morir. Le ordenó: -¡Enséñamelo! El paciente le enseñó el pene tumefacto. ´El médico dijo al hombre que acompañaba al enfermo: -¡Búscame una piedra plana!, cógela con la mano y pon encima el pene. Quien me lo contaba añadió: "Una vez el pene encima de la piedra el visir cerró la mano y dio un puñetazo en el pene. El paciente se desmayó y al cabo de un momento empezó a fluir el pus con fluidez. A continuación orinó: A continuación del pus salió la orina. El hombre abrió los ojos. El médico le dijo: -¡Vete!- estás curado de tu dolencia. ¡Pero nunca vuelvas pues eres un hombre corrompido: has cohabitado en el ano de un animal y casualmente has encontrado un grano de su pienso que se te ha incrustado en la uretra y ha causado la inflamación. El hombre exclamó: -¡Es cierto! así fue y así lo hice. Y confesó. Esto indica la rápida intuición, y la aptitud clara, excelente, noble y brillante de su médico".

 

"Siguiendo las escuelas de los cristianos compuso una obra de cinco tomos llamados Aforismos. Le ocurrió algo curioso en el tratamiento de al-Nasir -¡Allah esté satisfecho de él!- de lo que se guarda recuerdo. Estando el citado Yahya de caíd en Badajoz, enfermó al-Nasir de una otitis que se resistía a los tratamientos de los médicos existentes a la sazón en la corte. Entonces el califa le envió un mensajero urgente ordenándole que se presentara a la mayor brevedad. Yahya ben Ishaq trató con amabilidad al mensajero y le sacó el objeto de la llamada. De camino de Badajoz a Córdoba subió a un convento cristiano y preguntó a uno de sus sabios ancianos qué experiencia tenía en el tratamiento de la otitis. El anciano monje le respondió que solían dar buen resultado sangre de palomo reciente. Llegado ante el emir, le prescribió la sangre de un palomo degollado tal como fluía, y le curó" .

 

Otro médico de esta época es Abü Bark Sulayman b. Bay. Fue un médico notable curando a ´Abd al-Rahman al-Nasir de una oftalmía con colirio y lo mismo hizo con Sunayf, jefe de correos, mediante un la´üq (electuario). Curaba los dolores de costado con grano de hinna (alheña). Al final de su vida le salió una llaga en el pene y lo amputó. AI-Nasir le nombró cadí de Sidonia. También nos relata ´ lbn Yulyul (10) la vida de lbn Umm al-Banin: "Le llamábamos al-A´raf. Era de la ciudad de Córdoba y sirvió al emir de los creyentes como médico. Fue contertulio suyo. Era muy inteligente en medicina y le ocurrieron cosas extraordinarias".

 

De la misma época es el médico y poeta Sa´id b ´Abd Rabbihi hijo del hermano de Ahmad b. ´Abd al-Rabbihi (11). "Fue un médico notable y literato. Compuso una aryuza importante sobre medicina en la cual demuestra su dominio de esta ciencia y su conocimiento de las teorías de los antiguos. Su método para curar las fiebres consistía en mezclar febrífugos con un poco de hiwar. Su método era bueno. No sirvió a ningún príncipe. Era hábil conocedor de los síntomas y de la evolución de las enfermedades, de los cambios de la atmósfera, del régimen de los vientos y del movimiento de los astros". El faquí Sulayman b. Ayyüb me refirió:

 

-"Me puse enfermo con fiebre muy prolongada y estaba a punto de morir cuando Sa´id cruzó junto a mi padre que iba a visitar al sahib al-madina, Ahmad ben ´Isa. Mi padre le saludó conforme debía. El le preguntó por mi enfermedad y la medicación que seguía. Mi padre le informó. Le pareció mal la medicación de quien me atendía e hizo enviar a mi padre dieciocho granos redondos (habba) prescribiendo que tomase unos cuantos al día. No los había terminado cuando la fiebre desapareció y me curé por completo. Cierto día se sangró y envió a su tío Ahmad (autor del ´lqd al-farid = El collar único) un mensaje pidiéndole que acudiera. Pero no le contestó y se hizo esperar. Sa´id entonces les escribió:

 

Faltándome el amigo y contertulio, he invitado a Hipócrates y Galeno. He hecho de sus libros la cura de mi soledad. Ambas constituyen el remedio de todas las heridas que me afligen.

 

He descubierto que su ciencia, si la adquiero, hace inteligente y vivifica el cuerpo.

 

Hizo llegar estos versos a su tío quien le contestó con otros de los que sólo recuerdo tres. Dice:

 

Te has dado cuenta de que Hipócrates y Galeno ni comen ni perjudican al contertulio. Prescindiendo de los parientes, hicistes de ellos tus delicias.

Estuviste satisfecho con ellos, como amigos y contertulios.

 

Creo que tu avaricia no se abandonará hasta que, tras ella seas contertulio de Satanás (lblis).

 

Al-´ Ayidi -Allah tenga misericordia de él- me refirió: lbn ´Abd al-Rabbihi me recitó estos versos del hijo de su hermano Abu´Utman:

Desde hace tiempo he profundizado en las ciencias de la verdad y he disfrutado de muchos  bienes de mi creador.

Y en este momento, en que contemplo su poderío ¿Habría que buscar el sustento de otro Sustentador?

Los días que vive el hombre son el goce de un instante que pasa fugaz como el destello de un relámpago.

Mi alma presiente el momento de su partida y mi Guía me fatiga por el camino que conduce a la muerte.

Pero tanto si me quedo como si escapo a cua­quier lugar, la Muerte me alcanzará.

 

Fue una de las primeras figuras de su profesión. Fue autor según Ibn Abi Usaybi´a de: un Codex (Kitab al-Aqrabadin), de Las notas y observaciones médicas y del citado Poema (Aryuza) en metro rayaz sobre medicina.

 

Abu Hafs b. Burayq o (Bartaq o Bariq) fue médico notáble, lector del Corán con muy buena voz. Realizó un viaje a Qairawan para visitar a Abü Ya´far b. al-Yazzar, médico autor de la obra Zad al-Musafir (obra traducida al griego, hebreo y latín. Esta última realizada por Constantino el Africano, lleva el título de Viaticum Peregrinantis). Precisamente según Ibn Abi Usaybi´a, Abu Hafs b. ´Umar ben Burayq la introdujo en al-Andalus. Sirvió como médico a al-Nasir y también la tomó a su servicio Naym b. Tarafa, Jefe de los Halconeros (sahib al-Bayazira), se preocupó de él, le enriqueció y le introdujo en el mundo.  "Abu Muhammad b. al-A´ma me refirió: -Por la mañana mientras estaba sentado en la puerta de su casa, vi junto a él dieciséis jóvenes esclavos. Su vida no fue larga".

 

Otro médico de este periodo fue Asbag b. Yahya, que descolló en el ejercicio de la medicina y sirvió a al-Nasir, al que preparó un medicamento a base de granos de anís. Era un anciano de buen aspecto, cuyo testimonio se aceptaba en las asambleas de adules, pues era hombre poderoso, de honor y respetado por los grandes. Vivía cerca de la mezquita de Tahir. Muhammad b. Tamlij vivía en el arrabal de la mezquita de Tahir, sirviendo a al-Nasir como médico. Tenía buenos conocimientos de literatura y preceptiva. Entonces era presidente del "Colegio de médicos" el caíd Ahmad b. Ilyas. Era hombre brillante, serio y digno. AI-Nasir le nombró para el cargo de juez de apelaciones (Juttat al-radd) y cadí de Sidonia. Era digno de confianza en la distribución de la Limosna legal (sadaqa). Alcanzó el principio del reinado de al-Mustansir que le encargó la ampliación sur de la mezquita de Córdoba, por ello su nombre figura, dice Ibn Yulyul, en la parte superior del mihrab al igual que está grabado en los dinares ya que fue inspector de la ceca (casa de moneda) y de los depósitos. Según el cadí Ibn Sa´id (12) esta ampliación de la mezquita aljama de Córdoba se terminó de orden de al-Hakam II en el año 358/969 (13). Fue un médico sabio. Compuso una obra de su especialidad titulada Kitab al-askal.

 

Abül-l- Wali´d Muhammad b. Husayn más conocido por al-Kittani . Vivió hacia final del reinado de al-Nasir y principio de al-Mustansir. Era un hombre brillante, magnánimo, de dulce palabra, noble, amado por el vulgo y la corte por su generosidad científica y entrega a los enfermos. No era hombre que buscara dinero ni intentara reunirlo. Era amable en el trato de los enfermos y sabio experimentado. Murió de hidropesía.

 

Ahmad b.Hakam b.Hafsün, era noble, filósofo y hafiz, tenía gran talento y magnífica inteligencia. Sirvió como médico a al-Mustansir, siendo jefe de la casa del hayib Ya´far que fue sustituido por Abü´ Abd Allah b. Sa´id. Sirvió Ahmad b. Hakam como médico a todo lo largo del ministerio de Ya´far pero cuando este murió fue borrado del registro de los médicos (Diwan al-atibba´) y vivió olvidado en sus últimos días. Era elocuente, de aguda teoria y buen conocedor de la lógica. Murió de disenteria (illat al-Ishal).

 

Abü Bakr Ahmad b. Yabir sirvió a al-Mustansir como médico y siguió ejerciendo al principio del reinado de (Hisam II) al-Mu´ayyad. Era un anciano dulce, pero tado a las letras, un médico templado. Los hijos de al-Nasir le respetaban y le consideraban como un verdadero sabio, los grandes le apreciaban y tenían confianza en él. Escribió según Ibn Abi Usaybi´a varios libros de medicina, de filosofia y Compilaciones de medicina.

 

Abü ´Abd al-Malik al-Taqafi fue médico de al-Nasir y de su hijo al-Hakam. Era cojo pero de sus conocimientos se cuentan cosas extraordinarias. Ambos califas le nombraron jefe del Arsenal (Jizanat al-silah). Fue hombre letrado pues conocía tanto al libro de Euclides como la Topografia. Era sucio en la comida y según Ibn Yulyul a él le contó que se dio a conocer por Naym el jefe de los Halconeros que en cada fiesta le enviaba veinte cabritos, cien gallinas, ocas y bienes sin cuento. Al fin de sus días quedó ciego a causa de un agua que cayó sobre sus ojos (cataratas). Murió según Ibn Yulyul de disenteria y según Ibn Abi Usaybi´a de hidropesía.

 

Abü Müsa Harün al-Aswani (Ibn Abi Usaybi´a le llama al-Asbuni). Era cirujano, y estuvo al servicio de al-Nasir y de al-Hakam, estando al cuidado del harén y de sus mujeres.

 

   Estamos llegando a la época de madurez de la medicina cordobesa y de al-Andalus, pero todavía son los médicos venidos de Oriente, y otros que van allí a aprender, los que triunfan, pero faltará poco para que sean los autóctonos las figuras que pasarán a la posteridad, figuras como Abü-l-Qasim al-Zahrawi, Hasday ben Saprut e Ibn tulyul, crearán auténticas "escuelas personales", influirán en la medicina europea, y que ahora estudiaremos especialmente. Pero veamos primero algunos médicos portadores de las enseñanzas de Oriente.

 

Ahmad b. Yunus y su hermano ´Umar eran nietos de Yunus Ahmad al-Harrani que vino de Oriente en la época del emir Muhammad I (852). (Por ello consideramos que dados los años que les separan, ambos médicos eran nietos de Yunus Ahmad al-Harrani pues de ninguna manera puede haber una diferencia de cerca de un siglo entre padre e hijos).

 

Dice Ibn Yulyul y el cadí Ibn Sa´id de Toledo en el reinado de al-Nasir en el año 330/941 ambos marcharon a Oriente en donde permanecieron diez años. Visitaron Bagdad y allí estudiaron medicina y estuvieron al servicio de los sabios más destacados. Entre ellos se cuenta a Tabit b. Tabit b. Qurra con quien estudiaron los libros de Galeno. Más tarde estuvieron al servicio de Ibn Wasif, el famoso oftalmólogo de Bagdad, con quien aprendieron esta ciencia. Regresaron a al-Andalus cuando ya reinaba al-Mustansir en el año 351/962. Acompañaron a este en su expedición contra San Esteban de Gormaz y de regreso les tomó a su servicio como médicos. ´Umar enfermó de un tumor de estómago que le debilitó y le causó la muerte. Pero Ahmad quedó sólo al servicio personal del califa que les había instalado en Madinat al-Zahra´. Durante el verano se plantaba delante de él envuelto en una túnica y le servía los alimentos. Según Ibn Abi Usaybi´a el Emir era un goloso, tenía frecuentes indigestiones y Ahmad le preparaba unas píldoras digestivas de rápido y eficaz efecto. Con esas pildoras hizo una gran fortuna.

 

El Emir al-Hakam le tenía en gran estima hasta el punto de que le había encomendado el cuidado de su familia y de sus esposas. Era hombre de sano entendimiento, gracias a la experiencia que había adquirido en el ejercicio de la medicina y a lo que había visto con sus propios ojos en Oriente.

 

El mismo refirió a Ibn Yulyul, autor al que en traducción de J. Vernet seguimos generalmente: "Describía al Emir de los Creyentes, al-Mustansir, las sólidas tiendas de los cocineros que había visto en Basora, lo bien ordenados que estaban los guisos, colocados en cazoletas y cubiertos con tapas de vidrio, ante los cuales se encontraban criados de pie con toallas y aguamaniles. Las tiendas estaban soladas con mármol polícromo de belleza extraordinaria. Cierto día al-Mustansir se dirigió desde al-Zahra´ a Córdoba. Yo estaba entre él séquito. Cuando llegó al-almudí, lugar de los cocineros, miró hacia la ceniza y las brasas adonde se asaba la carne y lo contempló. Cuando se hubo aposentado en el Alcázar me notó a faltar. Me mandó buscar y me dijo: -¡Ahmad!, ¿Dónde dónde están las cenizas y las brasas de esas cazoletas que hay en Basora? -Le repliqué: -En las manos y en la carne. El Emir de los Creyentes soltó una carcajada y quedó admirado".

 

 A Ahmad se le encargó el cuidado de la farmacia del Alcázar y parece ser que no hubo otra igual. Colocó en ella doce esclavos jóvenes que preparaban jarabes y componían los mejunjes (ma´yun). Pidió al Emir de los Creyentes que le regalaran estos preparados a los pobres y enfermos que los necesitaban y el Califa consintió.

 

Era experto en los medicamentos simples, fabricaba jarabes y mejunjes (ma´yunes) y atendía a todo aquel que se le presentaba. Curaba las enfermedades de los ojos de un modo prodigioso, conservándose en época de Ibn Yulyul el recuerdo de esto. Sin embargo no perdonaba el pago de sus honorarios a la gente pudiente a la que había atendido. Ayudaba con su ciencia al amigo, al vecino y al pobre. AI-Mu´ayyad (Hisam II) le dio los cargos de jefe de la policía e inspector de mercados. Le costaba expresarse, tenía mala letra y sus escritos eran prácticamente ilegibles. Murió de cuartanas (hama al raba´) y de diarrea. Dejó una herencia de más de cien mil dinares. Otro médico prestigioso que también marchó a Oriente para aprender medicina y especializarse fue Muhammad b. ´Abdun al-´Yabali al-´Adadi. En el año 347/958 visitó Basora adonde se especializó, después dirigió el hospital de la ciudad de Fustat, la antigua El Cairo, después regresó a al-Andalus el año 360/970 y fue médico de al-Mustansir y de su hijo al-Mu´ayyad. Fue un médico práctico de gran experiencia. Antes de dedicarse a la medicina enseñó aritmética y geometría y escribió un magnífico libro sobre fracciones (Taksir).

 

El cadí Ibn Sa´id (texto árabe 106-107, trad. 148) nos informa que al final del gobierno de los ´Amiríes, es decir, durante el gobierno de los hijos de al-Mansur ibn Abi´Amir, vivieron varios médicos sabios y experimentados en el arte de la medicina. Eran estos: Sulayman ibn Hassan conocido por Ibn Yulyul, ´Abd Allah ibn Ishaq conocido por Ibn al-Sana´a al-Muslimani al-Israeli y otro médico más joven es decir: Abu ´Abd Allah ibn al-Kittani (o al-Kattani). Este último aprendió medicina de su tío, antes biografiado, Muhammad ibn Hussayn al-Kittani y de otros médicos. Sirvió según Ibn Usaybi´a (pp. 32-33) a al-Mansur ibn Abi ´Amir ya su hijo al-Muzzafar.

 

Conocemos por ambos historiadores, Ibn Sa´id de Toledo y de Ibn Abi ´Usaybi´a que su destino al comenzar la guerra civil en al-Andalus, la llamada fitna, fue el de la mayoría de los sabios cordobeses, emigrar al norte, bien a Toledo o Zaragoza. Con ello se destruía el primer foco cultural floreciente de al-Andalus, foco que al dispersarse sus protagonistas, haría florecer otros en distintos lugares de la península: Toledo, Zaragoza y Sevilla.

 

Este médico Abu ´Abd Allah al-Kittani además de medicina conocía otras ciencias como la Lógica, la Astronomía y otras ciencias filosóficas. Sus maestros en Lógica, referidos por el cadí Ibn Sa´id en su Kitab Tabaqat al-´Umman (Libro de las Categorías de los Pueblos o Naciones, primera Historia mundial de las ciencias) nos sirven de nómina de los sabios del primer foco cultural de al-Andalus en la Córdoba del siglo X: Muhammad ibn ´Abdun al-Yabali, y ´Umar ibn Yunus ibn Ahmad al-Harrani. Sobre filosofia dice aprendió de Ahmad ibn Hafsun, de gramática de Abu ´Abd Allah Muhammad ibn Ibrahim al´Asimi, de Abu ´Abd Allah Muhammad ibn Mas´ud al-Bayyani, de Abd Allah ibn Maymun conocido por Markus y otros sabios como el obispo Abu-l-Harit discípulo del obispo Rabi´ ibn Za´id el famoso Racemundo.

 

Otro médico de esta época final del Califato de Córdoba fue ´Abd al-Rahman ibn lshaq al-Haytam que según Ibn Abi Usaybi´a era de los médicos de más talento de al-Andalus. Era de Córdoba y escribió las siguientes obras: El libro del Complemento y la perfección en lo que concierne a los purgantes y vomitivos. El libro de la abreviación (lqtisar) y de la Concisión de los que escribió lbn al- Yazzar en su obra l´timad. También el Libro de la suficiencia (al-Iktifa´) para el tratamiento con la ayuda de las propiedades de la Materia Médica, libro dedicado al hayib Abu ´Amir Muhammad ibn Muhammad ibn Abi ´Amir. Por último escribió una obra titulada Libro de los Vientos cálidos.